El Programa Las Víctimas Contra Las Violencias del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, con la coordinación de la Dra. Eva Giberti, tiene como finalidad principal poner en conocimiento de la víctimas cuáles son sus derechos para exigirle al Estado el respeto de los mismos y la sanción de las personas violentas que la hayan agredido. De este modo, se busca que la víctima supere su pasividad y reclame por sus derechos.
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viernes, 12 de julio de 2013

"El respeto que falta"

AUNQUE HAY UNA LEY, UN GRAN NUMERO DE PROFESIONALES NO CUMPLE LOS DERECHOS DE LA MUJER EN EL PARTO. Un informe de Unicef revela que ocho provincias aún no adhirieron a la Ley nacional de parto respetado. Y destaca que donde sí rige, igual no se cumple del todo. La norma busca evitar muertes maternas y de bebés prematuros. También evitar cesáreas innecesarias.

Publicado en Página/12. "Sociedad".
26.05.2013

Soledad Pérez Bove tiene 32 años y es docente de una escuela pública de la Ciudad de Buenos Aires. Un año atrás, para dar a luz a su primer hijo, fue derivada por la obra social de empleados municipales (Obsba) a una clínica privada de la localidad de Quilmes. Allí, en la sala de partos, la sometieron a una seguidilla de malos tratos, al punto de que sin mayores explicaciones le impusieron una cesárea, que podría haber sido innecesaria, y ni siquiera le permitieron estar acompañada en ese momento por su esposo, según denunció en la Comisión de Género de la Defensoría del Pueblo bonaerense y en otros ámbitos. Su caso refleja una realidad que se repite en un gran número de hospitales y centros de salud, públicos y privados de país: todavía muchas mujeres no gozan de los derechos contemplados en la ley de parto respetado, sancionada nueve años atrás. Todavía hay ocho provincias que no adhirieron a la normativa ni aprobaron una ley propia, entre ellas la de Buenos Aires (ver aparte). En la semana mundial del parto respetado, desde Unicef-Argentina, la encargada de Salud, Zulma Ortiz, advirtió que si se garantizan los derechos de las mujeres y su hijo o hija en el momento del nacimiento, se podrían evitar muertes maternas y de bebés prematuros. La ginecóloga Claudia Alonso, de la entidad Dando a Luz, cuestionó que en el sector privado se realizan alrededor de un 60 por ciento de cesáreas, muchas de ellas sin una indicación médica, frente a un 20 por ciento en hospitales públicos.

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Notas Relacionadas:
"Lo que no se cumple"
"Cambiar el modelo médico - hegemonico"
"En la provincia de Buenos Aires"
"Qué dice la ley de parto"

miércoles, 10 de julio de 2013

"La violencia obstétrica es violencia de género"

SEMANA MUNDIAL DEL PARTO RESPETADO. Invisibilizada aunque no invisible para quienes la soportaron, la violencia obstétrica es una práctica demasiado habitual: mujeres obligadas a parir solas –cuando la ley dice que tienen derecho a estar acompañadas por quien ellas decidan–, inmovilizadas, separadas de sus hijos en el instante siguiente al nacimiento, cesáreas innecesarias. Desde la comisión que elabora sanciones contra la violencia de género –Consavig– se puso a disposición un modelo de denuncia y un instructivo para terminar con la impunidad. 

Publicado en Página/12. "Suplemento LAS12".
24.05.2013 

Jesica tiene 26 años, ha vivido toda su vida en La Boca y al momento de parir, todavía no hace un mes, fue al hospital Argerich, donde la atendieron desde el primer momento de un embarazo que no había buscado pero empezó a desear desde el mismo momento en que decidió, conscientemente, que quería que llegara a término. Es una joven aguerrida, no sabe quedarse callada, no quiere quedarse callada porque es así, hablando, gritando si es necesario, como supo resistir, siendo todavía una niña, a la violencia que su papá ejercía sobre ella. Y no iba a quedarse callada justo en el momento en que su hijo empezaba dentro suyo esa danza conjunta que es el proceso de parto y nacimiento. Estaba ansiosa cuando llegó al hospital. Había tenido algunas complicaciones en el último tramo del embarazo, así que el hospital se había convertido en algo así como su segunda casa. Por eso no era miedo lo que sentía sino ganas de atravesar ese momento intransferible aunque tantas veces relatado en la familia, entre sus amigas. Los dolores de parto ya se hacían sentir, distintos de cualquier otro, soportables hasta el momento de llegar a la guardia, cada vez un poco más intensos, arrasadores como una marea que la obligaban a agacharse, a masajearse la cintura, a colgarse del cuello de su compañero, mucho más temeroso que ella, silencioso frente a sus gemidos, sin más que hacer que darle algunos mimos, ni más ni menos que lo que Jesica quería, lo que Jesica necesitaba.

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"Mi primer parto"