El Programa Las Víctimas Contra Las Violencias del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, con la coordinación de la Dra. Eva Giberti, tiene como finalidad principal poner en conocimiento de la víctimas cuáles son sus derechos para exigirle al Estado el respeto de los mismos y la sanción de las personas violentas que la hayan agredido. De este modo, se busca que la víctima supere su pasividad y reclame por sus derechos.

lunes, 30 de agosto de 2010

El Neomachismo (*)

Por Amparo Rubiales.
Profesora de Universidad, abogada y Consejera de Estado.
Publicado en El País (España). "Tribuna".
Viernes 15 de Enero de 2010.

Nunca pensamos que cuando nuestra democracia se fundamentó, entre otros principios, en la libertad y la igualdad, nos iba a ser más difícil hacer a esta última efectiva y, sin embargo, el miedo a la libertad del que escribió Erich Frömm no era nada comparado con el miedo a la igualdad, más generalizado y resistente.

Los que defendían "los valores" de la sociedad patriarcal, aunque lo razonaran de muy diversas maneras, eran calificados de machistas. Empezaron a estar mal considerados y fueron disminuyendo "de boquilla" los que así se denominaban; pero cuando la igualdad se va haciendo más plena comienzan a formular nuevos argumentos que, supuestamente, no la cuestionan, pero sí su forma de ejercicio, con ideas que, en ocasiones, llegan a parecer incluso "razonables". Parecen distintas de las de siempre aunque, en el fondo, desean lo mismo: la subordinación de las mujeres.

Miguel Lorente, en su libro denominado Los nuevos hombres nuevos. Los miedos de siempre en tiempo de igualdad, sostiene que el género masculino ha urdido nuevas tramas para defender su posición de poder, y éstas se basan en los supuestos problemas que la incorporación de la mujer a la vida activa ha tenido, sobre todo, en el ámbito de las relaciones familiares. A esta nueva estrategia la denomina posmachismo, por haber nacido, dice, en el contexto de la posmodernidad, y por haber mantenido desde su aparición una cierta distancia respecto a las posiciones clásicas del machismo o del patriarcado.

Sin embargo, y aunque me parece absolutamente correcto todo lo que argumenta, creo que es mejor denominar a esta nueva forma de pensamiento como neomachista, porque, cada día más, se está transformando en una nueva ideología que se va extendiendo y que se caracteriza, precisamente, por tener miedo a la igualdad. Es una nueva manera de sostener las posiciones machistas de siempre, pero con nuevos discursos y nuevos contenidos. Nadie se llama hoy abiertamente, por ejemplo, fascista, pero es evidente que hay una nueva manera de serlo, y a éstos se les denomina neofascistas.

Los neomachistas equiparan el feminismo con el machismo, tratando de crear confusión en algo que no puede tenerlo, porque pretenden cosas opuestas: éste la primacía del varón y aquél la igualdad entre mujeres y hombres. La diferencia es tan grande que no merecería la pena ni explicitarla, a no ser porque el neomachismo intenta confundir, para poder mantener mejor sus nuevas posiciones, encaminadas, como siempre, a cuestionar los derechos de las mujeres, su autonomía y la independencia ganada. No cuestionan, dicen, la igualdad, pero sí las consecuencias de su ejercicio; están en contra de la violencia de género pero manifiestan con reiteración, por ejemplo, que hay demasiados casos de denuncias falsas, sin añadir que, si así fuera, se estaría cometiendo un delito que hay que denunciar, como en cualquier otro caso.

Hay algún juez que da miedo por las cosas que dice -no quiero ni nombrarlo porque es lo que le gustaría-, pero existen, desgraciadamente, demasiados -también alguna mujer- teóricos del neomachismo que surgen diariamente y que tenemos que desenmascarar como hicimos con los machistas.

Consideran la igualdad como una amenaza, pero no para ellos sino para las relaciones sociales, y lo exacerban en lo más extremo: la violencia de género. El feminismo siempre ha sido ridiculizado y hoy, con nuevas formas, lo vuelve a ser con fuerza. Así, hablan de revancha de género, de feminismo resentido, dogmático o radical, sin más intención que la de volver a "demonizarlo".

Son manifestaciones de ese miedo a la igualdad que los neomachistas tratan de extender de diversas maneras: sacralizan, por ejemplo, la lactancia materna, culpabilizando a las madres que no pueden practicarla; hacen responsables a las mujeres de los problemas de los menores, con la teoría del "nido vacío"; y del aborto ni hablemos, parece que es un capricho de algunas. Ninguno de ellos dice que está en contra de la igualdad sino que, por el contrario, afirman que somos las mujeres las que estamos haciendo una sociedad con graves problemas de convivencia como consecuencia directa de nuestra necesidad de ser libres e iguales. Nunca entendieron que sin igualdad la libertad no existe, y que aquélla o es real o no es igualdad, y la democracia las exige ambas.

Las mujeres siempre hemos tenido que alcanzar cosas con las que los hombres ya nacían; nos relegaron al mundo privado y hemos ido conquistando -con muchos años y esfuerzo- parcelas de lo público, pero llevando siempre a cuestas la vida privada. Los hombres, que tenían destinado como propio el mundo público, lo han mantenido, y su incorporación al otro mundo lo está siendo en mucha menor medida, de ahí las resistencias a la igualdad que perviven -pese a lo mucho que hemos avanzado- sobre todo en los países desarrollados, porque en otros muchos todavía siguen con el burka, símbolo de la mayor de las discriminaciones que padecen las mujeres.
Tenemos que acabar con todos los burkas del mundo, sabiendo hacer frente con la misma contundencia a los viejos argumentos y a éstos más sutiles del neo-machismo.

(*) Esta nota fue enviada por el Prof. Alejandro Inchaurregui.
El Programa Las Víctimas Contra Las Violencias agradece su colaboración.

martes, 10 de agosto de 2010

La violencia de género siempre es anunciada

Por Carlos Rodríguez
Publicado en Página 12. "Sociedad".
Martes 03 de Agosto de 2010.

Un hombre que ya estaba condenado por amenazar a su ex esposa, ayer la ataco a balazos. El ataque fue premeditado, en la puerta de la escuela adonde la mujer había dejado a las hijas de ambos. La víctima recibió dos balazos, pero está fuera de peligro. El hombre había sido condenado a un año de prisión en suspenso.

Un hombre de 50 años, que había sido condenado a un año de prisión “en suspenso” –sin aplicación efectiva– por amenazar a su ex esposa, de la que estaba separado de hecho, ayer concretó el ataque que había anunciado y la mujer, sobre la que disparó en tres oportunidades, resultó herida de gravedad y se encuentra internada, aunque fuera de peligro. El agresor, llamado Javier Claudio Weber, “actuó con premeditación, ya que esperó a la víctima en la puerta del colegio, a donde ella había ido a llevar a las dos hijas del matrimonio. Sin mediar palabra, le hizo tres disparos, dos de los cuales la hirieron”, precisó una fuente policial consultada por Página/12. Weber había llegado a la puerta de la escuela, en el barrio de Palermo, torpemente camuflado para evitar ser reconocido: llevaba peluca, una boina, anteojos oscuros, un sobretodo cuyas solapas le cubrían parte del rostro y un bastón, aunque no tendría ninguna dificultad para caminar. Su ex mujer, Carina Nidia Fernández, de 46 años, aunque estaba herida, no perdió el conocimiento y lo identificó de inmediato, lo que posibilitó que horas después fuera detenido por la policía.

La agresión, calificada como “intento de homicidio”, se suma a una estadística que indica que, en lo que va del año, se produjeron en el país 126 femicidios y 80 casos de mujeres heridas de gravedad, lo que marca un crecimiento del 40 por ciento respecto de igual período de 2009, según datos del Observatorio de Femicidios que cordina la ONG La Casa del Encuentro. La detención de Weber se concretó ayer por la tarde en una vivienda de Baldomero Fernández Moreno al 3500, del barrio de Flores, donde vivía el hombre. En esa casa había convivido la pareja, hasta que la mujer se fue y terminó la relación, debido al maltrato y a las amenazas recibidas de parte del que era entonces su marido.

Voceros del Ministerio Público Fiscal de la Ciudad de Buenos Aires, ante una consulta de este diario, precisaron que el 16 de julio pasado Weber había sido condenado a un año de prisión en suspenso, por las amenazas que le hacía prácticamente a diario a su ex esposa. La pena fue aplicada por la jueza contravencional porteña Gabriela Zangaro, quien no accedió al pedido que había hecho el fiscal Andres Gómez Ríos, quien solicitó una condena a cuatro años de prisión efectiva por la gravedad del caso.

El fiscal había tomado en cuenta que las amenazas también estaban dirigidas a las hijas del matrimonio, de 10 y 11 años. El viernes próximo se iban a conocer los fundamentos de la decisión de la jueza. Gómez Ríos, según adelantaron las fuentes judiciales, tiene previsto apelar esa sentencia e insistir con una condena de prisión efectiva. Las únicas condiciones que la jueza le puso a Weber fue que “se abstuviera de tomar contacto con su ex esposa, que hiciera un tratamiento psicológico y que realizara 80 horas de trabajo comunitario”. La magistrada, incluso, absolvió al hombre de las acusaciones por supuestas intimidaciones a sus dos hijas menores de edad.

La agresión ocurrió ayer, a las 8.15, en la puerta de la escuela pública Manuela Pedraza, en Malabia 2272, a tres cuadras del Jardín Botánico. La mujer llevó a sus dos hijas al colegio, en la reanudación del ciclo lectivo tras el receso de invierno. Cuando se iba del edificio, fue atacada por el hombre, que la había estado esperando en la vereda de enfrente. El hombre tenía un diario bajo el brazo y una bolsa de papel en la que habría tenido escondido el revólver calibre 32 que usó para atacar a su ex esposa.

La víctima, que recibió dos impactos de bala, uno de ellos en el tórax, pudo reincorporarse y pidió ayuda en el colegio. Ella había reconocido a su ex marido. También lo hicieron otras madres, presentes en el lugar, que conocían a Weber. El titular de la Comisaría 23, Víctor Pellegrini, coincidió en que el hombre fue “directamente a agredirla, no hubo ningún diálogo ni discusión previa”.

Pellegrini comentó que la mujer les dijo que “ella había abandonado el hogar cansada de la violencia de su marido. También se quejó porque la Justicia, a pesar de las denuncias realizadas, no había hecho nada para protegerla”. La víctima fue llevada al Hospital Fernández, donde quedó internada. Una de las balas le fracturó una costilla.

El director del SAME, Alberto Crescenti, agregó que la víctima “está compensada y se encuentra internada en una sala común”. Confirmó que “recibió un balazo en una costilla que le provocó una fractura y otro que le atravesó el hemitórax izquierdo. Ahora se encuentra estable”.

Fuentes del Ministerio de Educación porteño informaron que el ataque produjo conmoción en el colegio. Por esa razón, el supervisor escolar de la zona, Julio Ledesma, acompañado por un equipo de orientación escolar, compuesto por psicólogos y trabajadores sociales, concurrió a la escuela “para dar contención a los alumnos y a toda la comunidad educativa”.

Cuarenta años de silencio (*)

Publicado en La Nación. "Noticias de Exteriores".
Domingo 01 de Agosto de 2010
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Por Brenda Struminger. bstruminger@lanacion.com.ar
De la Redacción de lanacion.com

Un grupo de coreanas abusadas por soldados japoneses durante la guerra del Pacífico encabeza una protesta para exigir que el Estado nipón asuma su responsabilidad; miles de mujeres callaron por "pudor" durante décadas el sometimiento sexual al que fueron sometidas

Kang Il-chul tiene 76 años. Junto a varios representantes de organizaciones de Derechos Humanos se reúne todos los miércoles con sus compañeras frente a la embajada de Japón en Corea del Sur. Vestidas de amarillo para distinguirse de los transeúntes, desde 1991 piden al Estado japonés el reconocimiento de su responsabilidad legal por los crímenes sexuales cometidos contra miles de mujeres que, como ellas, fueron secuestradas y trasladadas a "Estaciones de Consuelo" que funcionaban en los campos de batalla, durante la Guerra del Pacífico (1937-1945).

Allí, las entonces adolescentes de entre 12 y 20 años vivieron encerradas y fueron abusadas sistemáticamente por soldados nipones. Según la Fundación de Historia de Asia del Este existen marcadas disidencias en cuanto a la cantidad de mujeres forzadas: las cifras oscilan entre 40.000 y 200.000. Muchas murieron, y las que sobrevivieron se refugiaron en el silencio durante décadas.

Denominadas de diferentes formas, el término más utilizado en Corea para referirse a ellas es "mujeres de consuelo"; el mismo que empleaban los soldados japoneses que las abusaban durante la guerra. Actualmente, hay consenso entre los organismos de derechos humanos en la utilización del término "esclavas sexuales" para aludir a estas mujeres y no referirse al "consuelo", dado que este término tiene una connotación positiva y no representa las violaciones sexuales reiteradas a las que fueron sometidas.

Las coreanas no fueron las únicas que sufrieron esos vejámenes. Taiwanesas, filipinas, malasias, vietnamitas, chinas, e incluso europeas, fueron secuestradas para el mismo fin. No existen cifras exactas sobre la cantidad de mujeres de cada nacionalidad, pero en varias latitudes del este asiático se producen protestas que rememoran lo sucedido y bregan por el reconocimiento por parte del estado japonés.

En Corea del Sur, varias de ellas viven juntas en la Casa del Compartir , organizada por agrupaciones budistas y diversos movimientos sociales para brindar apoyo y contención a las víctimas de la esclavitud sexual. Muchas protestan frente a la embajada, siempre que su salud se los permita, mientras que otras prefieren no participar en la manifestación.

Lamentable silencio

Alejandro Kim, historiador argentino becario del Conicet y especializado en historia de Corea, su país de origen, subraya un punto crucial en los hechos sucedidos durante la guerra: la violación sistemática de los derechos humanos contó con apoyo estatal. "Fue avalado, programado, organizado y controlado por autoridades del Estado", precisó. Sin embargo, a pesar de su envergadura, la cuestión no salió a la luz hasta 1991. "Las mujeres coreanas guardaron el silencio durante décadas, por pudor. Por razones que tienen que ver con la cultura de la mujer en Corea, ocultaron lo que les había pasado durante años en su juventud", explicó.

Las jóvenes asiáticas de mitades de siglo XX ocultaron su experiencia incluso a sus propias familias, conviviendo con esos recuerdos en silencio. Tuvieron que pasar 46 años desde el fin de la guerra hasta que Kim Hak-Soon hizo la primera declaración pública. "En 1991, la abuela Kim había cumplido 63 años y decidió que era mejor hablar de su experiencia. La siguieron muchas más, y este año se celebró la protesta número 900", señaló el historiador. Según explica, siempre hubo una leyenda sobre lo sucedido. "Se hablaba del tema, pero no se podía probar porque en esa época no se habían descubierto los documentos que se revelaron después", dijo con respecto al período comprendido entre 1945 y 1991.

Memoria en el mundo

Seon Mi es coreana, vive en Seúl y trabaja en el Consejo Coreano para las Mujeres Reclutadas para la Esclavitud Sexual por Japón , una entidad que se dedica a la consecución y el apoyo de las demandas de las esclavas sexuales. A través de un email enviado a lanacion.com, describió cuáles son los objetivos de la movilización hoy: "El tiempo transcurrido de lucha está haciendo un cambio gradual en la sociedad, y mucha gente aprende los valores de la paz y los derechos humanos de estas mujeres a través de las manifestaciones. Los sobrevivientes ahora claman por su dignidad y sus derechos humanos y van hacia donde puedan dar verdad a la gente", reflexionó.

En el ámbito internacional, varias naciones se han adherido a la causa de las "abuelas" coreanas, como son llamadas en referencia a su avanzada edad. El congresista demócrata norteamericano de ascendencia japonesa Michael Honda presentó en 2007 una resolución donde proponía al gobierno japonés que pidiera perdón formalmente y reconociera su responsabilidad en la tragedia que sufrieron las esclavas sexuales a manos del ejército imperial durante la Segunda Guerra Mundial.

Aunque en 1992 el secretario de gabinete japonés Kato Koichi admitió y se disculpó por el involucramiento de las fuerzas armadas japonesas en la cuestión, y su sucesor Kono Yohei hizo lo mismo el año siguiente, el gobierno de Japón no asumió la entera responsabilidad legal. En los años subsiguientes, en diferentes declaraciones contradictorias entre sí, los hechos fueron negados, y luego relativizados. A pesar de la presión internacional, nunca se produjo una disculpa formal de parte de un Primer Ministro Japonés oficialmente, ni hubo indemnizaciones económicas para las víctimas. Kim aclaró que las "abuelas" no buscan dinero: "El pedido de indemnización es moral, y la parte económica es simbólica. No quieren una casa nueva, quieren justicia", aseguró.

Seon Mi consideró que los movimientos de Derechos Humanos son importantes para mantener viva la memoria y no permitir que crímenes de este tipo vuelvan a ocurrir. "Esta lucha nunca es fácil, pero no tenemos que perder la esperanza en obtener verdad y justicia", observó. Sin embargo, Kim cree que en Corea podría hacerse más al respecto. Para el historiador, no existe en esa sociedad un nivel de consenso social tal que obligue a su gobierno a actuar en la forma que debería. "En la Argentina tenemos designado el 24 de marzo como Día de la Memoria, y esto no existe en Corea. Por eso creo que en cuanto a temas de verdad y justicia, la Argentina da buenos ejemplos."

(*) Información enviada por el Prof. Alejandro Inchaurregui.
El Programa Las Víctimas Contra Las Violencias agradece su colaboración
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