El Programa Las Víctimas Contra Las Violencias del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, con la coordinación de la Dra. Eva Giberti, tiene como finalidad principal poner en conocimiento de la víctimas cuáles son sus derechos para exigirle al Estado el respeto de los mismos y la sanción de las personas violentas que la hayan agredido. De este modo, se busca que la víctima supere su pasividad y reclame por sus derechos.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Eva Giberti sobre el abandono de bebés: “No existe el instinto materno en la mujer"

Compartimos la siguiente nota realizada luego de una entrevista a la Dra. Eva Giberti, coordinadora del Programa Las Victimas Contra Las Violencias, en el programa de radio "Pazos en el aire" que conduce la periodista Nancy Pazos.

La Coordinadora del Programa “Las Víctimas Contra Las Violencias”, dependiente del Ministerio de Justicia, y presidenta del Consejo Consultivo del Registro Único de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos, Eva Giberti, denunció que “el Estado no cuenta con instituciones de prevención en relación al abandono de las criaturas”.

En estos últimos días trascendieron tres casos en los que bebés recién nacidos fueron abandonados por sus padres. En declaraciones al programa de Nancy Pazos en Radio Uno 103.1, Giberti se refirió a la problemática del abandono de criaturas: “Esto tiene dos miradas: por un lado, la responsabilidad que le cabe al Estado; por otro, el accionar del Servicio Social, que toma el caso cuando el abandono se realiza en un Hospital, por ejemplo, que queda bajo la tutela de una institución”.

La especialista apuntó que “el tema es diferente cuando un niño queda abandonado en la estación de un subte por ejemplo. Ahí la criatura queda en una situación de vulnerabilidad más compleja, de riesgo. La mamá no pudo hacerse cargo de buscarle una zona de reparo a esa criatura. Estas mujeres se ven obligadas a entregar la bebé de buena o de mala manera porque no pueden hacerse cargo. Ahí es donde el estado tendría que cubrir la necesidad de esa mujer”.

Giberti precisó que el abandono sucede debido a que “no existe el instinto materno, es un mito, es algo con lo que cuentan los animales pero no los seres humanos. Las mujeres no tenemos esa obligación instintiva de amar a la criatura y de querer seguir adelante con ella porque ya estamos atravesadas por la cultura. La mentalidad femenina de ahora es ‘primero soy yo, primero mi vida’”. Y aclaró que esto “no implica que la mujer sea degenerada, ni maldita, ni mala gente, sencillamente no tienen un resguardo interno para hacerse cargo de una criatura”.

La psicóloga alertó del problema en algunos casos para las mujeres que quieren dar su hijo en adopción: “Se puede dar al bebé en los juzgados, en las fiscalías. Eso funciona perfectamente, cuando la mujer con su embarazo avisa a una institución. El problema reside en que la Institución le van a preguntar indefectiblemente por el padre porque la Ley así lo establece. Y es eso lo que la mujer no quiere, es justo de lo que está huyendo, no tiene intenciones de relacionarse con el padre”.

Finalmente, la especialista opinó que “hay que revisar el ‘derecho de sangre’ que es muy primitivo” debido a que prima ese derecho porque se considera “la familia del niño es la mejor opción”. “El problema es qué mensaje le llegará el día de mañana a esa criatura de la mamá que la dejó. Una cosa es la familia adoptante que está preparada para saber qué hay que decir, a la familia consanguínea de la madre que tiene un entripado ya con esa mujer y lo más probable es que baje línea”, sostuvo.

*Publicado en http://rouge.perfil.com el 17 de Noviembre del 2015 - http://bit.ly/1S1TQsz

lunes, 2 de noviembre de 2015

LOS CUADRADITOS

*Por Eva Giberti

**En Europa hubo épocas en las que algunas mujeres (pocas) eligieron vestirse como si fueran hombres para demostrar su protesta contra la opresión de los varones; también lo hicieron cuando pretendían ser escritoras/es. Para defenestrar la subordinación denominada femenina George Sand, que había nacido “como mujer”, ocupó un lugar en la historia no sólo por vestirse como varón sino por sus aportes y su relación amorosa con Federico Chopin. La historia es suficientemente conocida y George, no obstante su temperamente combativo, despertó la admiración de innumerables caballeros de su tiempo. Entre ellos Flaubert, quien en ocasión de su muerte escribió: “Había que conocerla como yo la conocía para saber todo lo que había de femenino en este gran hombre...” O sea la alternativa era insuperable: o era hombre o era mujer, tal vez los dos sexos en una misma persona, pero no solamente travestida, sino una mujer que pensaba como un hombre. Fenomenal confusión siempre oscilante entre los “dos únicos sexos”. Sin embargo una historiadora, Annelise Maugue, avanzó otra hipoótesis cuando escribió “Andrógina Sand, tal vez, pero puesto que tiene genio es esencialmente hombre”. 

Si bien en aquellos años se habían conocido “rarezas sexuales” solo se podía admitir que los sexos eran dos. Si existía algo más se evaluaba como aberración. No obstante, homosexuales varones y mujeres se hacían presentes en las diversas sociedades con mayor o menor aceptación por parte de aquella Europa del 1800 (la menor o mayor aceptación incluía la pena de muerte, por ejemplo en Inglaterra en el año 1836). De las personas homosexuales las comunidades se atrevían a opinar según las propias convicciones, pero quedaban pendientes “las rarezas”, la existencia de personas trans que no encajaban ni en los conocimientos habituales ni en la capacidad de convivencia entre los humanos.

El binomio hombre/mujer así como la aplicación del concepto de mayoría estadística como garante y gerente de normalidad, y la desestimación de las minorías evaluadas como “prescindibles” por ser estadísticamente “menores” en cantidad, aún hoy constituyen ideas atascadas en las corrientes históricas cuando se trata de visibilizar a las personas trasgénero. Al mismo tiempo se enciende un interrogante mayor: ¿por qué pensar que quienes NOS inscribimos con mayúscula en el Libro de la Vida (que según el Apocalipsis contiene los nombres de las personas a las que Dios les regalará vida) sintetizamos y representamos el universo de lo posible? Las personas transgénero, ¿no están inscriptas en ese Libro? ¿O sus nombres han sido borrados? ¿Por qué inferimos que las disciplinas que pretenden abarcar la explicación y el trato recomendable para convivir con las personas transgénero pueden tomar posesión y clausurar la comprensión y el conocimiento de aquello que los transgéneros sean? En realidad, correspondería certificar nuestras ignorancias. Escribo este tema desde el año 1997 y dialogo con personas trans desde entonces; siempre escucho un mismo reclamo: cuando es preciso completar un cuestionario para buscar trabajo, para identificarse, para alquilar, para hacer un trámite bancario (exceptuando algún banco privado) hay que llenar el cuadradito Sexo: Hombre, Mujer según el binarismo tradicional. Es decir, nos mantenemos en el primer paso del análisis ético, la negación de la existencia de quien no está dispuestx a incluirse en una de esas geometrías. No se reconoce a las personas trans ni se les concede lugar topográfico en el diseño que regula el ordenamiento de la página. ¿Carece de importancia el detalle? Quizás no interese para quien lea y no sabe que mientras mantengamos esta negación no avanzamos hacia el segundo paso de la responsabilidad ética que es la afirmación de la existencia del Otro quien tiene su estilo de ser que no es el que estadísticamente representa una mayoría. 

Y si no avanzamos en la afirmación bloqueamos la posibilidad de instalarnos en la conciencia ética y crítica que nos obliga a hacernos cargo del dolor malestar, injusticia, humillación que producimos. Discriminamos. ¿Solo por inercia? ¿Por ahorro, para no imprimir nuevos cuestionarios? No hagamos trampas. Contamos con legislación de avanzada para asumir identidades, disponemos de información distribuida en los medios de comunicación y cursos en las universidades, ley de cupo laboral para personas trans, libros para niños y niñas que hablan de la diversidad y los movimientos Lgttbi no pierden oportunidad para estar presentes en distintas actividades. ¿Entonces? La trampa reside en recitar las legislaciones y al mismo tiempo trabar lo doméstico y cotidiano que excede la inclusión de otro cuadradito para añadir al circuito Hombre Mujer anunciando la posibilidad de Otro género y dar cabida a una dimensión que las personas trans discutirán. La presión necesaria es la que describió Amancay Sacayán cuando narró cómo un hombre desconocido la había golpeado en una confiteria por su condición de travesti, cuál fue el procedimiento de gendarmería y el policial al intentar hacer la denuncia, negándole todo apoyo y cómo finalmente el Inadi intervino (Página/12, 23 de agosto de 2013). Persiste el intento de borrarlas del Libro de la Vida mediante trampas que nieguen su existencia civil porque su género no tiene lugar entre los cuadraditos o matándolas. De este modo las personas trans dejaron al descubierto la dificultad que padece un pérfido universo de humanos cuando se trata de asumir la responsabilidad ética de convivir con el género. La ausencia de un cuadradito alcanza para desmoronar los discursos que se pretenden de vanguardia.

*Coordinadora del Programa Las Víctimas Contra Las Violencias
**Publicado en Página/12 el día 24 de Octubre de 2015

viernes, 11 de septiembre de 2015

LA IMPLICANCIA, UNA CLAVE QUE NO SE NOMBRA

 Por Eva Giberti *

**Los protagonistas implicados en el ataque sexual se incorporan en el ámbito de la implicancia o ligazónligadura que significa estar implicado o haberse implicado. La implicancia remite a la situación pasiva de la víctima e incluye la actividad de implicarse mediante la acción transgresora que el adulto elige y que lo ciñe a un niño o niña. (Cuando me refiera a víctima utilizaré la concepción de Hilda Marchiori en “Vulnerabilidad y procesos de victimización posdelictivos, vulnerabilidad de las víctimas”, en Revista Victimología 12, Encuentro, Grupo Editor, Córdoba): víctimas vulnerables “son los niños, las personas discapacitadas, ancianos, también los adultos que son agredidos por grupo delictivos, el crimen organizado y muy especialmente la vulnerabilidad de la víctimas del abuso de poder. Esta ya extrema vulnerabilidad se observa en las víctimas que son elegidas por el delincuente precisamente por su vulnerabilidad e indefensión y por la impunidad de los delincuentes”.) Es un circuito móvil que abarca a la víctima y al victimario cuyos cuerpos circunscriben:
1) la acción del adulto que invade el cuerpo del niño (cuerpo/emoción; Scribano, A, “Sociología de los cuerpos/emociones”, en Revista Latinoamericana de Estudios sobre Cuerpos, Emociones y Sociedad, Nº10, diciembre 2012 /marzo de 2013).
2) la criatura cuyo cuerpo/emoción la implica, involucrándola mediante la imposibilidad de oponerse de manera eficaz, al mismo tiempo que debe reconocer –por exceso– la cesión de su cuerpo/emoción.
La primera vez que sucede el niño o la niña están obligados a protagonizar algo que difícilmente haya sido “pensado” por ellos, si bien pudo formar parte de sus fantasías de despedazamiento del cuerpo, de humillación, aun la devoración del mismo por sujetos despóticos que lo someterían asociadas a la sensación placentera que podría suscitarle lo terrorífico. Se trata de fantasías propias de los niños, relacionadas desde la primera infancia a su mundo instintivo y pulsional, lejanas de su concepción como hechos reales, aunque en algunos casos podrían generar terrores y conductas de aislamiento espantados por sus propios fantasmas.
La fantasía y el temor de ser golpeados por sus padres (Freud, S. (1919), “Pegan a un niño, Contribución al conocimiento de la génesis de las perversiones sexuales”), particularmente por el padre, surge acompañada por la vivencia de humillación que resulta de esta fantasía. No podríamos superponer ni tratar como equivalentes el nivel fantástico y los episodios en los que la criatura se convierte en víctima. La perspectiva que aquí señalo es la que deriva de una hermenéutica referida al fenómeno de la implicancia –que no es un observable sino una inferencia a partir de los observables (comportamiento de los niños)– como componente necesario para el análisis de estos ataques por parte de los adultos y sus efectos en niños y niñas.
Un sentido de la palabra implicancia refiere a algo que no puede estar ausente sino presente como clave de los hechos que se establecen entre los protagonistas mediante episodios insertos y desarrollados en un tiempo cronológico , lo cual la torna móvil e histórica. Corresponde también que estén presentes los procedimientos claves por medio de los cuales la implicancia evidencia su eficacia: elección de historiales, consulta bibliográfica, psicoterapia con víctimas vulnerables, diálogos con profesionales de los equipos que asisten al llamado de quienes denuncian abusos, recolección de datos en archivos de hemeroteca personal, intercambio con colegas, escucha de madres y familiares que acompañan a las víctimas, encuentro con jueces y defensores de menores.
En el modelo que propongo, la implicancia es un continuo, una dimensión del tiempo subjetivado por la vivencia de haber quedado implicado según la narrativa de cada historial. Es tiempo/duración que existe según el estado de desvalimiento que haya producido como experiencia nueva en el niño. Es la persistencia del efecto del trauma que no se recorta solo en recuerdos y/o vivencias sino en las sensaciones del desvalimiento que son desconcertantes para el niño porque él ya no es él ,según las mismas expresiones de la víctima al decir “yo no era yo”. En ese misterio se apoya el continuo como una burbuja envolvente, algo que se sucede sin interrupción, repitiéndose y uniendo sus componentes (personas, circunstancias) entre sí en una implicancia insuperable.
La implicancia fue gestada y puesta en acto durante un tiempo cronológico, en un momento particular (el abuso repetido o coyuntural), se sucede mediante la rememoración, odiosa y temible para el niño o en la defensa psíquica disociativa o escindida intentando sumergirse en otra dimensión del espacio/tiempo buscando zafar(se) de aquello “de antes, de entonces” que lo envuelve y aísla como si su mundo psíquico estuviera dentro de una burbuja la cual se adhiere a los distintos momentos del día, donde la criatura debe convivir “normalmente”.
Este continuo es una trama de hilados gelatinosos y resbaladizos (como los que sostenían a Alien, el octavo pasajero, en la película dirigida por Ridley Scott), ante el intento de la víctima que desearía sujetar esa rememoración odiosa pero descubre la resistencia de esa textura que no se deja anudar para cerrarse, interrumpirse. Es un continuo que el niño habita por estar implicado y saber que así es (“lo sabido no pensado” al decir de C. Bollas en La sombra del objeto: psicoanálisis de lo sabido no pensado, ed. Amorrortu). Por eso es fatal mientras dura, sin que el tiempo cronológico la autorice a pensar, fantasear, desear un más tarde, un futuro del “ya se me pasará”. O bien una desmentida “no me pasó eso”, asociado a la imposibilidad, en los más pequeños (cero a cuatro años aproximadamente) para simbolizar una pregunta con palabras capaces de representar actos, situaciones y vivencias.
Para el atacante existe otra dimensión del continuo regida por el ritmo de sus apariciones e intervenciones en tanto la satisfacción y el placer obtenidos funcionan anticipando “la próxima vez” que integra la definición del continuo.
Esa cualidad del no cesar caracteriza las prácticas de las torturas que se enlazan en la espera de “la próxima vez” y se organizan como una estasis lenta y abarcativa, amplificante del momento en el que los hechos se sucedieron. Amplificante por la continuidad que actúa impregnando el psiquismo y la subjetividad del niño o la niña, sin más horizonte que su interioridad, donde no necesariamente encuentra el recuerdo de las escenas vividas. Se mantiene integrado en su medio, familia, escuela, con mayores o menores alteraciones, visibles o intuiblesiipero continuas ; la criatura mantiene su cotidianidad como un niño o niña, al margen de ser ahora un niño o niña “otro”/”a”.
El continuo que marca su tiempo/duración/persistencia diferente del cronológico donde los hechos se produjeron y que corresponde a ese “niño otro” ; procede como si se generasen dos campos : aquél donde todo permanece aparentemente igual (el niño crece, concurre a la escuela, etc.), pero la estasis del continuo lentifica el ritmo de crecimiento y evolución psíquica que podrían desarrollarse.
Un tiempo distinto se instaló en su interior como continuo: El espacio, los ritmos y los hechos dentro de la burbuja que circunda al niño no se desplazan; el niño conserva su vida, pero ese continuo que lo mantiene implicado con lo que le ocurrió incorpora un tiempo distinto, derivado de la carga libidinal de los actos invasivos. Los hechos sucesivos le acaecieron uno tras otro, no puede recordarlos con certezas pero sí se sabe a sí mismo implicado(comprometido) en ellos. Como si existiera una fuerza que succiona la presencia cotidiana del niño enajenándolo de sus actividades, lo pegotea con lo olvidado, reprimido, expulsado, conviviente y, al mismo tiempo, familiar. Es lo siniestro domesticado por la cotidianidad del psiquismo que habilita su presencia sin la verbalización de la palabra que”cuenta lo sucedido”,que es la que aporta existencia afectiva consciente y” estructuraría el inconsciente”.
La situación traumática mantiene su eficacia durante un tiempo que no conocemos. La economía libidinal puede regir la situación en el psiquismo del niño, y parecería útil incorporar esta dimensión del continuo en tanto y cuanto acusa presencia y registro consciente o preconsciente de lo sucedido

Cuerpos/emociones

La expresión cuerpos/emociones, tal como Scribano utiliza el sintagma (“La barra que inscribimos entre cuerpos/emociones implica una alusión sociologizada de sus usos en el psicoanálisis con la intención de mostrar la separación/unión, distancia/proximidad y posibilidad/imposibilidad entre objetos/discursos que le otorgamos a lo que ha sido pensado como subcampos dsciplinares separados, específicos distantes”), permite posicionar la idea de implicancia como un compromiso explícito entre los cuerpos/emociones de los participantes del acto abusivo y de quienes trabajamos con los datos pertinentes, las comunidades y épocas en las que se realiza y difunde el delito. Ya que la implicancia reclama los enlaces entre cuerpo y emociones unificados corporal y simbólicamente; no podría decirse “las emociones del niño” o “los ataques al cuerpo del niño”: serían frases inconsistentes. Es la expresión cuerpo/emoción la que sintetiza que es “allí en ese lugar de la palabra enhebrada” donde ocurrió todo aquello que define al abuso sexual , que incorpora determinado entorno.
Este autor se opone a la diversificación de una sociología de las emociones y una sociología del cuerpo y elige hablar de una “sociología de la experiencia” que entreteja cuerpo, emociones, acción colectiva, conflicto, ámbito(entorno) y producción ideológica. Este entretejido es un paradigma de los historiales de abuso sexual donde convergen todos y cada uno de los puntos enunciados por el autor.
Explica la utilización de los plurales de manera sintética: “el/los cuerpo(s) –al igual que la emoción– al ser considerados el resultado de la articulación de diversos/plurales espacios/procesos involucra en sus concreciones contingentes e indeterminadas múltiples determinaciones de lo concreto; (...). Ese concreto que es la escena del ataque y la seducción previa, el silencio del niño, la posterior revelación –o no– la credibilidad –o no– de sus palabras, las acciones de los adultos, la posición del abusador, la denuncia, el juzgado, el después y la escolaridad del niño. Para suturarse en los efectos del abuso sexual en el futuro.
El texto de Scribano explica la alternativa que ofrece el sintagme de esos cuerpos/emociones “que los impliquen (a cuerpo/emociones) e “intersequen”: como espacio desde donde, más que perderse las diferencias, se recuperan como parte de una banda mobesiana (...). La imagen de banda mobesiana corresponde, en mi texto, a la idea de continuo donde la situación en la que se encuentra el niño víctima que no logra zafar de esa vuelta sin fin que puede reconocerse desde cualquier ángulo que se enfoque el recuerdo, la reminiscencia, las sobras de la representación reprimida y el ritmo que la torsiona desde el interior del cuerpo /emoción , desde las declaraciones en tribunales o ámbito forense y los comentarios familiares,
La expresión cuerpo/emociones es útil como un operador “ designante del efecto espiralado que implica la relación “comienzo/paso/fin” estructurada tanto en los cuerpos como en la emociones”. Es un ritornello, un retornar a la idea de continuo como efecto espiralado que torna y retorna en un sinfín e implica un circuito que para la víctima constituye historia ,no siempre con un fin, pero con un comienzo inolvidable.

*Coordinadora del Programa Las Víctimas Contra Las Violencias
**Publicado en Página/12 el día 10 de septiembre de 2015