El Programa Las Víctimas Contra Las Violencias del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, con la coordinación de la Dra. Eva Giberti, tiene como finalidad principal poner en conocimiento de la víctimas cuáles son sus derechos para exigirle al Estado el respeto de los mismos y la sanción de las personas violentas que la hayan agredido. De este modo, se busca que la víctima supere su pasividad y reclame por sus derechos.

jueves, 5 de junio de 2014

Credibilidad y sinceridad

 Por Eva Giberti.


Si se torna necesario titular “Creerle a la víctima para la condena”, según la nota de Mariana Carbajal en Página/12 del 22 de mayo, debe ser porque, históricamente, a la víctima de violencia sexual no se le cree. Más aún, es posicionada bajo sospecha por algunos sectores de la comunidad y en particular por los fueros tribunalicios, por quienes tienen a su cargo la instalación del juicio.

Si lo habitual fuese tomar en serio y reconocer la verosimilitud y la evidencia de lo que la víctima narra no sería preciso subrayarlo y festejarlo como un avance. Que este caso sí lo es. Pero, tener que considerar avance aquello que los derechos humanos de las mujeres implican y que por lo tanto debe formar parte de las lógicas de lo probable, de lo posible y de la historia de las violaciones como dato internacionalmente probado, dentro de las familias y en otros ámbitos, resulta lamentable. Y apunta a la peligrosidad en la que se encuentra cualquier víctima de violación (que se transforma en riesgo) cuando la víctima queda atrapada en las ataduras que le ofrece la pregnancia machista de nuestros tribunales. Con las debidas excepciones.

En esta nota de Mariana brotó la excepción pero no espontáneamente. Arduo trabajo de un fiscal que conocemos por su eficacia cuando se trata de acusar a quien debe acusar y de advertirle al juez que la víctima de violación no debe declarar delante del violador. Lo cual constituye el ABC del Derecho, pero parecería que no siempre se recuerda el abecedario completo.

Si hay que felicitar al tribunal porque tomó en serio la sinceridad de la declaración de una víctima es porque la sinceridad advino como un valor moral que no se esperaba. De lo contrario se sabría que la víctima grita e interpela porque ha sido victimizada. Al calificar una declaración como “sincera” no se advierte la paradoja implícita en el hecho: si la víctima habla es para contar qué le sucedió y narra lo ocurrido. Me podrían objetar: “Sí pero también están aquellas que fingen una violación”. Sí, claro, y también existen los jueces decididos a proteger al violador porque para ellos la violación no existió ya que, como es sabido, para dichos magistrados las mujeres somo provocativas y consentidoras a la hora de aceptar o rechazar al varón. Estos magistrados no constituyen excepción. La falsedad de una denuncia documentada y probada sí constituye excepción.

No sólo se trata de “sinceridad” en el recorte de la nota de Mariana, también tenemos que la denuncia es “creíble”. Lo que significa que hay alguien que debe creer. Se introduce de ese modo la aptitud del juez para discernir si debe creer o no, afirmación que deja al descubierto que el discurso de la víctima –y aun sus lesiones– podía no ser creído (por ejemplo el defensor del acusado pretendió que las lesiones se las había producido la misma víctima al “acomodar una cama”). En esta oportunidad le creyeron. Pero se trata de la verosimilitud de los hechos traducidos por la víctima en su declaración que entonces resulta creíble y sincera. O sea, la víctima no deforma ni inventa hechos y aporta un producto, una declaración que según sea la posición del tribunal será evaluada positivamente.

Estas sentencias iluminan, en sus dichos y redacciones, cuáles son las relaciones de poder entre las víctimas de violación y quienes imparten justicia. Se espera que la víctima sea sincera y creíble, porque podría no serlo. Cuando, en realidad, la víctima es la víctima y con esa nominación es suficiente, probada que ha sido su victimización. Explicar que se sentencia al agresor en relación con la sinceridad y credibilidad de las declaraciones abre un espacio inquietante para aceptar las apreciaciones subjetivas de quienes juzgan, de quienes defienden y de quienes acusan.

Es inquietante el tiempo que se toman los profesionales que deben decidir la exclusión del hogar de un sujeto descripto como peligroso que no disponen de velocidad y recursos suficientes para comprender que la exclusión del hogar debe ser inmediata, aunque en las comisarías falte o escasee el personal que debe llevarle la notificación al violento.

En esta nota de Mariana Carbajal, más allá de las observaciones técnico-teóricas respecto del lenguaje utilizado en una sentencia, afortunadamente favorable para la víctima (lo cual merece el aplauso), hubo otra instancia que denota y connota la situación en la que se encuentran las víctimas cuando deben recurrir a una instancia judicial en busca de atención: el 25 de abril del año 2013, ante la Defensoría en lo Civil Nº 2, se solicitó una exclusión del hogar del sujeto violento ahora sentenciado. El trámite se completó el 28 de junio, cuando el agresor ya estaba preso, dos meses después de lo solicitado.

El hecho no es exclusividad de esta provincia; en casi todo el país la orden de exclusión del hogar llega demasiado tarde “porque no tenemos agentes de policía para llevar la orden”, “porque quienes la tienen que entregar son amigos del acusado –sucede en los pueblos– y entonces tarda en llevársela”. O bien: “Porque aquí siempre fue así”. En los femicidios ¿encontramos órdenes de exclusión que o no fueron entregadas o llegaron demasiado tarde?
¿Hasta dónde la credibilidad que podemos acercarles a quienes nos aportan argumentos para demorarse de ese modo para entregar una orden de exclusión?
¿Cuál es la sinceridad con la que se procede cuando la Justicia decide que un sujeto peligroso debe retirarse de la casa donde convive con la víctima e irse a vivir no se sabe dónde? Un argumento escasamente mencionado pero existente se abre en silencio pero con la fuerza que le otorgan los atrasos en la orden de exclusión: ¿dónde va a vivir ese sujeto si lo sacan de su casa? La otra argumentación, silenciada y latente: “Si se retrasa la orden de exclusión, mientras tanto ella se arrepiente y pide que no se proceda...”

Enhorabuena se pueda conmemorar que la palabra de la víctima fue escuchada y se hizo justicia. Pero el espanto de las que continúan clamando sin ser escuchadas permanece, así como el terror de aquellas que no logran excluirlos del hogar porque la orden no llega. Esperemos las próximas notas periodísticas con noticias alentadoras, para achicar las vergüenzas.

*Publicado en  Página/12
5/6/ 2014

jueves, 8 de mayo de 2014

Silencio entre adoptantes

Por Eva Giberti


Durante los primeros años de convivencia con el hijo adoptivo no habían surgido grandes problemas. Alguna tensión en el aprendizaje escolar cuando el niño concurría a la escuela primaria, rápidamente resuelta. La pareja había transcurrido los años posteriores al casamiento “buscando” un bebé, sobrellevando con calma la estupidez de las preguntas meteretas: “Y... ¿para cuándo?”, de acuerdo con la imprescindible necesidad de alguna gente que no puede disimular su curiosidad por lo que sucede en la intimidad de una pareja. E interroga acerca de lo que debería callar. Si alguien supone que se trata de una pregunta interesada por la descendencia de esa pareja, se equivoca: son personas que necesitan mortificar a terceros.

Recurrieron a las técnicas actuales para lograr un resultado fecundante pero, al fracasar la estrategia, la adopción ocupó su lugar de la composición familiar. Los primeros en oponerse, como sucede a menudo, fueron los abuelos. Por aquella cuestión del linaje. Una adopción interrumpe la consanguinidad, que para algunas personas puede resultar muy importante cuando se funda una familia.

Con frecuencia los abuelos se convierten en opositores cruciales con el argumento mayor: “No se sabe de dónde viene... qué herencia podrá traer...”, interrogantes que a quienes esperan adoptar interesan relativamente. Pretenden compaginar una familia con un hijo y lo demás es secundario.
 En cambio no es secundario, pero con frecuencia y arriesgando una equivocación que se posterga, dilucidar “de quién es la responsabilidad por la infertilidad, por causa del varón o de la mujer”. Ese capítulo, una vez que los análisis hayan sido lo suficientemente claros –lo que no siempre sucede– parecería que dejase de interesar o de importar. Todos los esfuerzos se dirigen a adoptar una criatura postergando el diálogo acerca de la infertilidad. En realidad cancelándolo. Es lo que se supone. 

Es un diálogo que se mantiene pulsante si no se trabaja con el tema mediante las conversaciones técnicas pertinentes. Porque el pensamiento de la mujer fértil con un compañero infértil o estéril es: “Si yo me hubiese casado con otro, seguramente tendría un hijo de la panza...”.

Por su parte, el varón, ante la mujer que no puede engendrar, deja abierta como posible la fantasía de engendrar con otra mujer, al margen de su pareja. También piensa: “Con otra mujer hubiese tenido un chico propio y no adoptado”.

Estos contenidos que pueden acompañar a las parejas durante los trámites de la adopción quedan sumergidos, reprimidos, inhibidos, postergados porque la causa común ahora es “conseguir un niño para adoptar”. Y en esa decisión se manejan todas las alternativas y todas las esperanzas.

Transcurren los años y cada pareja resuelve aquellas dudas y malestares del mejor modo para su equilibrio familiar. No porque hayan desaparecido, sino porque no es operativo para el psiquismo, por razones de economía psíquica, agitar temas que no conducirán a ningún cambio.

Pero, el hijo ha crecido y es un adolescente de quince años que cada vez se parece más a alguien que no se sabe quién es. Y por adolescente hace todo aquello que un adolescente ejecuta, amontona y desmorona mientras dure la adolescencia. Etapa vital que suma un plus, ser adoptivo, lo cual lo surte de un argumento mayúsculo para enfrentar a sus padres enrostrándoles, en cualquier discusión: “Ustedes al fin y al cabo no son mis padres”, frase con la que abre hondos tajos en el ánimo de los padres adoptantes si no están entrenados en saber que eso les va a suceder en algún momento y es preciso disponer de la respuesta rápida para ordenar al jovencito.

Entonces tenemos como parte de la familia un hijo muy parecido a sus padres por educación, crianza y costumbres, pero con una clara ajenidad étnica –no necesariamente–, pero que cada día advierte que su descendencia no tendrá cosa alguna que ver con su familia adoptante. Porque el ADN proviene de otro mundo.

No habría razones para que el tema configurase un conflicto, pero es frecuente que estallen los argumentos, las preguntas que se mantenían sumergidas, silenciadas y no obstante impregnadas por los sentimientos de lo que no se habló en aquella oportunidad primera cuando se discutía quién de los dos era aquel o aquella que tenía un impedimento para engendrar.
Lo decía muy claramente una mujer durante su consulta: “Ahora yo tengo un hijo que no se parece en nada a nosotros... Cada día me resulta más extraño y no es que me falte amor. Yo lo quiero como hijo, pero si me hubiera casado con otro hombre no me vería en esta situación, en la que no sé qué pensar cuando me doy cuenta de que yo pude haber engendrado y me privé de ello porque mi marido es estéril...”.

Esta madre continuaba: “Ahora mi hermana está embarazada y va a tener un bebé que será realmente de la familia. Si yo no hubiera introducido a Jorge –su marido– en mi familia, yo también habría tenido un embarazo y no pude. Me frustré el embarazo por amor hacia mi marido...”.

Este monólogo durante una consulta debió “trabajarse” antes de adoptar, en la inmediatez del diagnóstico de esterilidad o infertilidad, mientras se espera obtener una guarda. En ese tiempo toda la libido y la atención se cargan sobre la futura aparición de un hijo y aquello personal queda clausurado, pero con una vía de escape por donde quizá filtre en algún momento.

No siempre sucede de este modo y encontramos a aquellas parejas cuyos miembros no precisan hablar del antiguo tema. Este se puede hacer presente cuando la criatura muestra su adolescencia con respuestas, pareceres y características físicas que, según los abuelos, se deben al otro linaje misterioso que el nieto introdujo en esa familia.

De allí que la pubertad y la adolescencia de los adoptivos, además de sus propias realidades, divertidas, conflictivas y siempre sorprendentes, abre un espacio, el de los “parecidos” que a su vez parecería despertar meditaciones de sus padres adoptantes que los retrotraen a pensamientos y sentimientos que parecían sepultados en el diálogo con la pareja.

He presenciado tales explosiones en consultas aparentemente por las conductas de los hijos adolescentes. Sin embargo, ambos miembros de la pareja estaban hablando de aquellos primeros años cuando el diagnóstico del médico informó la imposibilidad de gestación y “recomendó adoptar” en lugar de sugerir una psicoterapia para ese hombre y esa mujer antes de pensar en incluir una criatura en sus vidas.

La necesidad de psicoterapias en aquellos tiempos reside en dialogar de aquello que “por amor” se calla, para no dañar al miembro infértil o estéril de la pareja. Sin embargo, ese hombre y esa mujer cuentan con su propia familia que no titubea en criticar y/o “responsabilizar” a quien no puede engendrar levantando la polvareda de críticas y sumatoria de riesgos, persecutorios, negativos. Comentarios que se suman a los ya descorazonados miembros de la pareja que no ceden en su deseo de una adopción. Triunfan y adoptan. La atención puesta en la criatura mantiene soterrado un conflicto humano que se desata, o aun sumergido presiona por expresarse en desavenencias de la pareja, y cuando esto sucede durante la pubertad y la adolescencia del hijo adoptivo la consulta surge alrededor de sus comportamientos. No obstante, lo que continúo encontrando es silencios amurallados desde antaño entre ese hombre y esa mujer que no se atrevieron a enfrentarse cuando era preciso hacerlo.

No hubiera retomado este tema, paradigmático de las adopciones, si no escuchara consultas cuyos protagonistas son chicos y chicas adolescentes que no imaginan que las críticas de sus padres no son las que ellos generan, sino la antigua historia que existe entre ellos, que quince años antes no hablaron de lo que les sucedía, renunciando a la propia fecundidad por la esterilidad del otro. Y guardándose “por amor” el secreto de una frustración que cuando se tramita provechosamente permite convivir sin verdades taponadas. Pero que cuando se callan por años, encuentran, mediante la presencia de ese hijo que no se parece a ninguno de ellos, una vía de salida para desencontrarse en la convivencia.


Publicado en Página/12
08/05/2014

martes, 1 de abril de 2014

Las violencias y el género

La coordinadora del programa Las víctimas contra las violencias explica los alcances y logros de la iniciativa a ocho años de su creación en la ciudad de Buenos Aires. Las claves de su funcionamiento y la ampliación a Chaco y Misiones.


 Por Eva Giberti

¿Qué es lo que se está haciendo a partir de un programa que empezó a funcionar hace ocho años? Es una pregunta que cualquiera puede plantearse cuando en Página/12 se publicaron las estadísticas que muestran los números de la violencia familiar en la ciudad de Buenos Aires. Sobre todo porque las víctimas no se atienden detrás de un escritorio sino cuando llaman por teléfono al número 137 (que atienden exclusivamente profesionales) solicitando auxilio, asistimos a sus casas a buscarlas para llevarlas a denunciar. Concurrimos acompañadas por un policía porque no es raro que, cuando estamos en el domicilio, reaparezca el golpeador o mande a algún compadre para continuar amedrentando a la víctima y a sus hijos. Entonces el policía, que ingresa en el domicilio antes que nosotras, que somos trabajadoras sociales y psicóloga, cuerpea al varón que se hace presente y lo pone en manos de un patrullero de la zona, mientras nosotras atendemos a la víctima y a sus hijos. Pero ésos no son los números que aparecen en las estadísticas: ¿por qué? Porque de todas las víctimas que nos llaman y a las que acompañamos y asesoramos, un 40 por ciento no quiere denunciar. Sólo demanda auxilio para ella y sus hijos y la aterroriza pensar cómo procedería el violento si ella lo denunciara. Por lo tanto, de las cifras que ustedes leen, cualquiera sea la fuente de donde provengan, hay que tener en cuenta que se refieren exclusivamente a denuncias. Existe un subregistro de la violencia familiar que está mucho más extendida de lo que las estadísticas muestran: 40 por ciento de las víctimas quedan en la oscuridad del silencio. Forman parte de nuestros registros porque hemos concurrido a sus domicilios y hemos hablado con ellas y con sus niños. Con ellas solamente podemos hacer un seguimiento telefónico y personal para intentar que recapaciten y denuncien y para conocer cuál es su estado después de un mes de su llamado. No más de un mes porque nuestros equipos son para urgencia y emergencia durante las 24 horas los 365 días del año. Sólo podemos intervenir cuando la víctima clama auxilio y acompañarla en la denuncia. Luego... su destino es un problema en todos los países que se ocupan del tema.
Desde octubre del año 2006 hasta febrero 2014 este equipo atendió en terreno 20.225 víctimas.
Este sistema de trabajo inspiró a las autoridades de dos provincias: Chaco, que desde el año 2012 también tiene un número 137, y Posadas, Misiones, que comenzó con el mismo número y el mismo estilo en el año 2013.

Creación de la Cátedra Abierta “Introducción a las Violencias de Género” Universidad Nacional de Misiones.
Desde el año 2011 se desarrolla en la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, inaugurando una estrategia inédita de trabajo en la comunidad.
Es el primer equipo que empezó a funcionar en este programa y se dedica a víctimas de delitos contra la integridad sexual. Cuando una persona víctima de violación, habitualmente una mujer, recurre a la comisaría inmediatamente después del ataque, la policía tiene orden de llamar inmediatamente a este equipo, junto con la información al juez o a la fiscal necesaria para caratular al delito. La víctima no declara ante la policía hasta que el equipo se haya hecho presente, es decir, no queda a merced de preguntas que puedan arriesgar su intimidad. Cuando una trabajadora social y una psicóloga llegan a la comisaría son quienes acompañan en los primeros momentos a la víctima, se comunican con su familia para asesorarla acerca del trato que precisa una víctima de violación y la trasladan al hospital donde le proporcionarán la “píldora del día después” y la medicación preventiva del VIH, siempre en presencia del equipo. Posteriormente, la conducen a su domicilio o donde la víctima elija y, cuando llega el momento de la identificación, el equipo la conduce al área policial correspondiente para que pueda identificar al violador o hacer su identikit. Se mantiene contacto telefónico con ella hasta el momento que debe presentarse en Tribunales para ratificar la denuncia. Debido a este acompañamiento las víctimas de violación mantienen su denuncia y de ese modo se ha logrado detener a violadores seriales. Desde mayo de 2006 hasta diciembre de 2013 atendió en terreno a 6774 víctimas, de las cuales 3515 han sido niños, niñas y adolescentes.

La Brigada Niñ@s está a cargo de las solicitudes que nos llegan ya sea por medio de la línea 137 o por el teléfono 0800-222-1717 para que se pueda intervenir en situaciones de explotación sexual comercial que padecen niños y niñas. Se trabaja con las defensorías especializadas en el tema. Actualmente, como parte de su campaña referida a la explotación sexual infiltrada en el turismo, este equipo ha distribuido en todos los aeropuertos nacionales e internacionales cartelería advirtiendo a los viajeros que intentaran recurrir a los niños y niñas víctimas de explotación sexual que dicha conducta en nuestro país está penada por la ley. Este mismo equipo ha iniciado desde el 2012 una actividad, solicitada por padres y madres alertas ante la aparición del grooming, el delito al cual están expuestos niñas y niños cuando chatean e intercambian datos con desconocidos vía Internet, al mismo tiempo que se alerta respecto de determinados “jueguitos” en los que los más chicos interactúan.

El Cuerpo interdisciplinario contra la violencia familiar recibe los expedientes que les envían los jueces de familia para realizar un diagnóstico psicosocial en relación con la familia víctima de violencia y evaluar las posibilidades que tiene el sujeto denunciado ante el tribunal para volver a convivir en ese grupo familiar. Este diagnóstico implica una visita en el domicilio de la familia, una o varias entrevistas con el sujeto violento, con miembros de su familia y con la víctima. La tarea se lleva a cargo con el equipo de psicólogos, de trabajadores sociales y de abogados. Se remiten las conclusiones al juez.

La Unidad de intervención en victimología constituye un área de abordaje y protección de los derechos de las víctimas de delitos graves en el ámbito nacional. Actúa a solicitud de parte o de oficio en los casos en los que por su gravedad, indefensión manifiesta y decisión política ministerial amerite su intervención por medio de contención, orientación y gestión de medios para el individuo o familia agredida por hechos de violencia delictual.

Docencia a oficiales y suboficiales de la Policía Federal Argentina. A partir de marzo 2009 se introdujo una Asignatura Obligatoria en el Plan de Estudios de las Escuelas de la Policía Federal: Introducción, al Conocimiento, Abordaje y Prevención de las Violencias. Desde su creación se capacitó a 19.010 agentes. Sus docentes son profesionales pertenecientes del programa Las víctimas contra las violencias.

Cursos en entrenamiento y capacitación en once provincias y edición de un libro que compendia el curso nacional (2009) dedicado a prácticas para asistir y defender a niños, niñas y adolescentes.
Las actividades de estos equipos sólo evidencian una parte de las tareas que se cumplen en relación con la defensa de distintas víctimas de violencia de género. Permiten evaluar la gama de posibilidades con las que se cuenta para avanzar en este serio problema que convoca decisiones internacionales y que entre nosotros ha logrado significativos avances.


Publicado en Página/12
01/04/2014