El Programa Las Víctimas Contra Las Violencias del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, con la coordinación de la Dra. Eva Giberti, tiene como finalidad principal poner en conocimiento de la víctimas cuáles son sus derechos para exigirle al Estado el respeto de los mismos y la sanción de las personas violentas que la hayan agredido. De este modo, se busca que la víctima supere su pasividad y reclame por sus derechos.

jueves, 8 de mayo de 2014

Silencio entre adoptantes

Por Eva Giberti


Durante los primeros años de convivencia con el hijo adoptivo no habían surgido grandes problemas. Alguna tensión en el aprendizaje escolar cuando el niño concurría a la escuela primaria, rápidamente resuelta. La pareja había transcurrido los años posteriores al casamiento “buscando” un bebé, sobrellevando con calma la estupidez de las preguntas meteretas: “Y... ¿para cuándo?”, de acuerdo con la imprescindible necesidad de alguna gente que no puede disimular su curiosidad por lo que sucede en la intimidad de una pareja. E interroga acerca de lo que debería callar. Si alguien supone que se trata de una pregunta interesada por la descendencia de esa pareja, se equivoca: son personas que necesitan mortificar a terceros.

Recurrieron a las técnicas actuales para lograr un resultado fecundante pero, al fracasar la estrategia, la adopción ocupó su lugar de la composición familiar. Los primeros en oponerse, como sucede a menudo, fueron los abuelos. Por aquella cuestión del linaje. Una adopción interrumpe la consanguinidad, que para algunas personas puede resultar muy importante cuando se funda una familia.

Con frecuencia los abuelos se convierten en opositores cruciales con el argumento mayor: “No se sabe de dónde viene... qué herencia podrá traer...”, interrogantes que a quienes esperan adoptar interesan relativamente. Pretenden compaginar una familia con un hijo y lo demás es secundario.
 En cambio no es secundario, pero con frecuencia y arriesgando una equivocación que se posterga, dilucidar “de quién es la responsabilidad por la infertilidad, por causa del varón o de la mujer”. Ese capítulo, una vez que los análisis hayan sido lo suficientemente claros –lo que no siempre sucede– parecería que dejase de interesar o de importar. Todos los esfuerzos se dirigen a adoptar una criatura postergando el diálogo acerca de la infertilidad. En realidad cancelándolo. Es lo que se supone. 

Es un diálogo que se mantiene pulsante si no se trabaja con el tema mediante las conversaciones técnicas pertinentes. Porque el pensamiento de la mujer fértil con un compañero infértil o estéril es: “Si yo me hubiese casado con otro, seguramente tendría un hijo de la panza...”.

Por su parte, el varón, ante la mujer que no puede engendrar, deja abierta como posible la fantasía de engendrar con otra mujer, al margen de su pareja. También piensa: “Con otra mujer hubiese tenido un chico propio y no adoptado”.

Estos contenidos que pueden acompañar a las parejas durante los trámites de la adopción quedan sumergidos, reprimidos, inhibidos, postergados porque la causa común ahora es “conseguir un niño para adoptar”. Y en esa decisión se manejan todas las alternativas y todas las esperanzas.

Transcurren los años y cada pareja resuelve aquellas dudas y malestares del mejor modo para su equilibrio familiar. No porque hayan desaparecido, sino porque no es operativo para el psiquismo, por razones de economía psíquica, agitar temas que no conducirán a ningún cambio.

Pero, el hijo ha crecido y es un adolescente de quince años que cada vez se parece más a alguien que no se sabe quién es. Y por adolescente hace todo aquello que un adolescente ejecuta, amontona y desmorona mientras dure la adolescencia. Etapa vital que suma un plus, ser adoptivo, lo cual lo surte de un argumento mayúsculo para enfrentar a sus padres enrostrándoles, en cualquier discusión: “Ustedes al fin y al cabo no son mis padres”, frase con la que abre hondos tajos en el ánimo de los padres adoptantes si no están entrenados en saber que eso les va a suceder en algún momento y es preciso disponer de la respuesta rápida para ordenar al jovencito.

Entonces tenemos como parte de la familia un hijo muy parecido a sus padres por educación, crianza y costumbres, pero con una clara ajenidad étnica –no necesariamente–, pero que cada día advierte que su descendencia no tendrá cosa alguna que ver con su familia adoptante. Porque el ADN proviene de otro mundo.

No habría razones para que el tema configurase un conflicto, pero es frecuente que estallen los argumentos, las preguntas que se mantenían sumergidas, silenciadas y no obstante impregnadas por los sentimientos de lo que no se habló en aquella oportunidad primera cuando se discutía quién de los dos era aquel o aquella que tenía un impedimento para engendrar.
Lo decía muy claramente una mujer durante su consulta: “Ahora yo tengo un hijo que no se parece en nada a nosotros... Cada día me resulta más extraño y no es que me falte amor. Yo lo quiero como hijo, pero si me hubiera casado con otro hombre no me vería en esta situación, en la que no sé qué pensar cuando me doy cuenta de que yo pude haber engendrado y me privé de ello porque mi marido es estéril...”.

Esta madre continuaba: “Ahora mi hermana está embarazada y va a tener un bebé que será realmente de la familia. Si yo no hubiera introducido a Jorge –su marido– en mi familia, yo también habría tenido un embarazo y no pude. Me frustré el embarazo por amor hacia mi marido...”.

Este monólogo durante una consulta debió “trabajarse” antes de adoptar, en la inmediatez del diagnóstico de esterilidad o infertilidad, mientras se espera obtener una guarda. En ese tiempo toda la libido y la atención se cargan sobre la futura aparición de un hijo y aquello personal queda clausurado, pero con una vía de escape por donde quizá filtre en algún momento.

No siempre sucede de este modo y encontramos a aquellas parejas cuyos miembros no precisan hablar del antiguo tema. Este se puede hacer presente cuando la criatura muestra su adolescencia con respuestas, pareceres y características físicas que, según los abuelos, se deben al otro linaje misterioso que el nieto introdujo en esa familia.

De allí que la pubertad y la adolescencia de los adoptivos, además de sus propias realidades, divertidas, conflictivas y siempre sorprendentes, abre un espacio, el de los “parecidos” que a su vez parecería despertar meditaciones de sus padres adoptantes que los retrotraen a pensamientos y sentimientos que parecían sepultados en el diálogo con la pareja.

He presenciado tales explosiones en consultas aparentemente por las conductas de los hijos adolescentes. Sin embargo, ambos miembros de la pareja estaban hablando de aquellos primeros años cuando el diagnóstico del médico informó la imposibilidad de gestación y “recomendó adoptar” en lugar de sugerir una psicoterapia para ese hombre y esa mujer antes de pensar en incluir una criatura en sus vidas.

La necesidad de psicoterapias en aquellos tiempos reside en dialogar de aquello que “por amor” se calla, para no dañar al miembro infértil o estéril de la pareja. Sin embargo, ese hombre y esa mujer cuentan con su propia familia que no titubea en criticar y/o “responsabilizar” a quien no puede engendrar levantando la polvareda de críticas y sumatoria de riesgos, persecutorios, negativos. Comentarios que se suman a los ya descorazonados miembros de la pareja que no ceden en su deseo de una adopción. Triunfan y adoptan. La atención puesta en la criatura mantiene soterrado un conflicto humano que se desata, o aun sumergido presiona por expresarse en desavenencias de la pareja, y cuando esto sucede durante la pubertad y la adolescencia del hijo adoptivo la consulta surge alrededor de sus comportamientos. No obstante, lo que continúo encontrando es silencios amurallados desde antaño entre ese hombre y esa mujer que no se atrevieron a enfrentarse cuando era preciso hacerlo.

No hubiera retomado este tema, paradigmático de las adopciones, si no escuchara consultas cuyos protagonistas son chicos y chicas adolescentes que no imaginan que las críticas de sus padres no son las que ellos generan, sino la antigua historia que existe entre ellos, que quince años antes no hablaron de lo que les sucedía, renunciando a la propia fecundidad por la esterilidad del otro. Y guardándose “por amor” el secreto de una frustración que cuando se tramita provechosamente permite convivir sin verdades taponadas. Pero que cuando se callan por años, encuentran, mediante la presencia de ese hijo que no se parece a ninguno de ellos, una vía de salida para desencontrarse en la convivencia.


Publicado en Página/12
08/05/2014

martes, 1 de abril de 2014

Las violencias y el género

La coordinadora del programa Las víctimas contra las violencias explica los alcances y logros de la iniciativa a ocho años de su creación en la ciudad de Buenos Aires. Las claves de su funcionamiento y la ampliación a Chaco y Misiones.


 Por Eva Giberti

¿Qué es lo que se está haciendo a partir de un programa que empezó a funcionar hace ocho años? Es una pregunta que cualquiera puede plantearse cuando en Página/12 se publicaron las estadísticas que muestran los números de la violencia familiar en la ciudad de Buenos Aires. Sobre todo porque las víctimas no se atienden detrás de un escritorio sino cuando llaman por teléfono al número 137 (que atienden exclusivamente profesionales) solicitando auxilio, asistimos a sus casas a buscarlas para llevarlas a denunciar. Concurrimos acompañadas por un policía porque no es raro que, cuando estamos en el domicilio, reaparezca el golpeador o mande a algún compadre para continuar amedrentando a la víctima y a sus hijos. Entonces el policía, que ingresa en el domicilio antes que nosotras, que somos trabajadoras sociales y psicóloga, cuerpea al varón que se hace presente y lo pone en manos de un patrullero de la zona, mientras nosotras atendemos a la víctima y a sus hijos. Pero ésos no son los números que aparecen en las estadísticas: ¿por qué? Porque de todas las víctimas que nos llaman y a las que acompañamos y asesoramos, un 40 por ciento no quiere denunciar. Sólo demanda auxilio para ella y sus hijos y la aterroriza pensar cómo procedería el violento si ella lo denunciara. Por lo tanto, de las cifras que ustedes leen, cualquiera sea la fuente de donde provengan, hay que tener en cuenta que se refieren exclusivamente a denuncias. Existe un subregistro de la violencia familiar que está mucho más extendida de lo que las estadísticas muestran: 40 por ciento de las víctimas quedan en la oscuridad del silencio. Forman parte de nuestros registros porque hemos concurrido a sus domicilios y hemos hablado con ellas y con sus niños. Con ellas solamente podemos hacer un seguimiento telefónico y personal para intentar que recapaciten y denuncien y para conocer cuál es su estado después de un mes de su llamado. No más de un mes porque nuestros equipos son para urgencia y emergencia durante las 24 horas los 365 días del año. Sólo podemos intervenir cuando la víctima clama auxilio y acompañarla en la denuncia. Luego... su destino es un problema en todos los países que se ocupan del tema.
Desde octubre del año 2006 hasta febrero 2014 este equipo atendió en terreno 20.225 víctimas.
Este sistema de trabajo inspiró a las autoridades de dos provincias: Chaco, que desde el año 2012 también tiene un número 137, y Posadas, Misiones, que comenzó con el mismo número y el mismo estilo en el año 2013.

Creación de la Cátedra Abierta “Introducción a las Violencias de Género” Universidad Nacional de Misiones.
Desde el año 2011 se desarrolla en la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, inaugurando una estrategia inédita de trabajo en la comunidad.
Es el primer equipo que empezó a funcionar en este programa y se dedica a víctimas de delitos contra la integridad sexual. Cuando una persona víctima de violación, habitualmente una mujer, recurre a la comisaría inmediatamente después del ataque, la policía tiene orden de llamar inmediatamente a este equipo, junto con la información al juez o a la fiscal necesaria para caratular al delito. La víctima no declara ante la policía hasta que el equipo se haya hecho presente, es decir, no queda a merced de preguntas que puedan arriesgar su intimidad. Cuando una trabajadora social y una psicóloga llegan a la comisaría son quienes acompañan en los primeros momentos a la víctima, se comunican con su familia para asesorarla acerca del trato que precisa una víctima de violación y la trasladan al hospital donde le proporcionarán la “píldora del día después” y la medicación preventiva del VIH, siempre en presencia del equipo. Posteriormente, la conducen a su domicilio o donde la víctima elija y, cuando llega el momento de la identificación, el equipo la conduce al área policial correspondiente para que pueda identificar al violador o hacer su identikit. Se mantiene contacto telefónico con ella hasta el momento que debe presentarse en Tribunales para ratificar la denuncia. Debido a este acompañamiento las víctimas de violación mantienen su denuncia y de ese modo se ha logrado detener a violadores seriales. Desde mayo de 2006 hasta diciembre de 2013 atendió en terreno a 6774 víctimas, de las cuales 3515 han sido niños, niñas y adolescentes.

La Brigada Niñ@s está a cargo de las solicitudes que nos llegan ya sea por medio de la línea 137 o por el teléfono 0800-222-1717 para que se pueda intervenir en situaciones de explotación sexual comercial que padecen niños y niñas. Se trabaja con las defensorías especializadas en el tema. Actualmente, como parte de su campaña referida a la explotación sexual infiltrada en el turismo, este equipo ha distribuido en todos los aeropuertos nacionales e internacionales cartelería advirtiendo a los viajeros que intentaran recurrir a los niños y niñas víctimas de explotación sexual que dicha conducta en nuestro país está penada por la ley. Este mismo equipo ha iniciado desde el 2012 una actividad, solicitada por padres y madres alertas ante la aparición del grooming, el delito al cual están expuestos niñas y niños cuando chatean e intercambian datos con desconocidos vía Internet, al mismo tiempo que se alerta respecto de determinados “jueguitos” en los que los más chicos interactúan.

El Cuerpo interdisciplinario contra la violencia familiar recibe los expedientes que les envían los jueces de familia para realizar un diagnóstico psicosocial en relación con la familia víctima de violencia y evaluar las posibilidades que tiene el sujeto denunciado ante el tribunal para volver a convivir en ese grupo familiar. Este diagnóstico implica una visita en el domicilio de la familia, una o varias entrevistas con el sujeto violento, con miembros de su familia y con la víctima. La tarea se lleva a cargo con el equipo de psicólogos, de trabajadores sociales y de abogados. Se remiten las conclusiones al juez.

La Unidad de intervención en victimología constituye un área de abordaje y protección de los derechos de las víctimas de delitos graves en el ámbito nacional. Actúa a solicitud de parte o de oficio en los casos en los que por su gravedad, indefensión manifiesta y decisión política ministerial amerite su intervención por medio de contención, orientación y gestión de medios para el individuo o familia agredida por hechos de violencia delictual.

Docencia a oficiales y suboficiales de la Policía Federal Argentina. A partir de marzo 2009 se introdujo una Asignatura Obligatoria en el Plan de Estudios de las Escuelas de la Policía Federal: Introducción, al Conocimiento, Abordaje y Prevención de las Violencias. Desde su creación se capacitó a 19.010 agentes. Sus docentes son profesionales pertenecientes del programa Las víctimas contra las violencias.

Cursos en entrenamiento y capacitación en once provincias y edición de un libro que compendia el curso nacional (2009) dedicado a prácticas para asistir y defender a niños, niñas y adolescentes.
Las actividades de estos equipos sólo evidencian una parte de las tareas que se cumplen en relación con la defensa de distintas víctimas de violencia de género. Permiten evaluar la gama de posibilidades con las que se cuenta para avanzar en este serio problema que convoca decisiones internacionales y que entre nosotros ha logrado significativos avances.


Publicado en Página/12
01/04/2014

miércoles, 26 de febrero de 2014

Los recuadros



¿Para qué sirve un diario? El periódico matinal en la puerta, el montón en el kiosco, el reclamo porque hoy no lo dejaron... Internet dijo que iba a suplirlos y que alcanzaba con leerlo en la pantalla... Sí, igual es posible enterarse de lo fundamental y en algunos portales leer las columnas laterales que se escamotean en el punto.com.

Preguntarse para qué sirve es preguntarse por el uso. Una manera de no preguntarse qué es eso. Definir por el uso es achicar los sentidos: el tenedor sirve para pinchar las comidas y me desentiendo de la historia de los cubiertos y de las monarquías renacentistas donde se ensayaban esos pinchos que sustituían las manos de damas y caballeros. Que hoy diríamos que no precisamos (a las damas y a los caballeros).

Pero resulta que un diario puede asegurarnos una utilidad que no se acompaña con el menester doméstico del envoltorio ni con la carnavalada de los títulos catástrofe.
Un diario, nos decía Jürgen Habermas, es un formador de opinión pública y también contribuye en la creación de la esfera pública, o sea informa, reconstruye, exagera, omite lo que debiera ser obligatorio saber, calumnia, restituye aclaraciones, alivia, crea suspensos, reúne cabezas tutoriales que analizan la edición de mañana, alterna con dibujantes maravillosos, remienda espacios, acorta y alarga tipografías, nos alerta para el día de hoy y de mañana, pronostica el futuro, desbarata a los pronosticadores, enfurece a algunos, imprime las aleluyas de otros y así continúa día tras día, menos dos días, en los que su aplanada lectura no se nos desliza entre los dedos y crea la orfandad del vacío que ninguna radio supera.

Página/12 es un diario. Que se lee con una clave. Porque si alguien no oyó hablar del terrorismo de Estado no entenderá por qué está permanentemente ilustrado con recuadros que encierran fotos con fechas y algún breve comentario interior. Un recuadro negro, un adentro con una o dos caras, a veces un grupo familiar, se enlazan con los avisos y las noticias sin que algunos entiendan la razón. Como quienes hacen Página/12 descuentan que distraídos e indiferentes también son sus lectores, se ocupan, como ningún otro periódico, de comentar temas de derechos humanos. Habrá quienes seguramente reconocen, reconocemos, la coherencia de esos artículos y de esas fotos, que nunca faltan. Otros, quizá muy jóvenes, pasan por alto esas imágenes y no faltará quien piense “¿por qué no la cortan con eso de las fotos?”.

La inclusión de ese circuito histórico en la historia del periodismo excede la lealtad a los desaparecidos, que es tema que la Etica sostiene y ampara.
Es la creación de una serialidad destinada a romper las definiciones clásicas de las serialidades unidas a la idea de repetición, una foto detrás de la otra identificándose, porque sus miembros son protagonistas de una misma circunstancia.

El estudio de las series y serialidades, complejísimo, es el que nos autoriza a reconocer el valor de esta serie, cada uno de cuyos miembros obliga a un saber. “A Este lo vieron en la ESMA, a Esta otra se la llevaron en tal fecha, a Esta Familia la desaparecieron entera, de Estos otros ni la foto, sólo la frase de los compañeros...”

Lo estático de la serie clásica se desestructura en el discurso que los trazos de la imagen diseña y sería ingenuo y agitativo decir que esas imágenes nos miran desde sus fotos y nos dicen ¡presente! No están presentes, sino enlazados en una serialidad que nos enlaza con ellos, justamente por estar en una horrosa serie que se alimenta cada día con nuestra vuelta de hoja, se mueve en el aire que cada página aventa para que tengamos presente que fueron muchos.
Que no alcanza –aunque es magnífico que suceda– con que haya placas y baldosas recordatorias a las que hay ir a buscar.

En cambio, Página/12 nos los alcanza cada día porque hay “un cada día de cada uno de ellos y de cada una de ellas” que, ausentes y perdidos, cuando se los llevaron pensaban en los que nos quedábamos: para todos nosotros habían reclamado derechos y justicias.
Es una serie que rompe la reiteración inmovilizante, para transformarla en la repetición creativa que es otra cosa. Reiterar es caer en la circularidad sin salida, en cambio repetir obliga, cada vez, a abrir una brecha para lo nuevo. Eso nuevo es lo que Página/12 incluye en cada uno de los artículos que los derechos humanos desarrollan para contarnos que hay nuevos juicios para los responsables por el terrorismo de Estado o un nuevo nieto rescatado.

Y así los recuadros sostienen la práctica social de la imaginación. Porque iluminan los textos de lo que se escribe con el testimonio de la propia vida que las páginas capturan en sus márgenes.
Gracias a la “galaxia Gutenberg”, por primera vez, individuos distantes en el espacio, y destinados a no encontrarse nunca, pudieron reconocerse como miembros de una comunidad a años luz de distancia de las antiguas comunidades locales. Lo escribió Marramao.

Esta comunidad, más vale no olvidarlo, no está tan distante de las antiguas comunidades locales que sostuvieron los años del terrorismo de Estado.

Los recuadros de Página/12 nos dicen que la cuestión no es sólo conmemorar una fecha, la de marzo. También homenajear la repetición fecunda que Página/12 inventó como una cepa de vida.

Por Eva Giberti.
Publicado en Página/12.